240 kms/h
A 240 kilómetros por hora las cosas pasan tan rápido que no puedes distinguirlas. Colores que se se suceden, manchas borrosas, el aire en la cara, todo el mundo se convierte en una sóla ráfaga interminable. Pero a veces desearía poder ir más despacio, poder distinguir las formas de las cosas y darles nombre, saber qué lugares visito y qué caras me sonríen, saber cuando lloras y cuándo ríes. Pero no puedo parar, tomé demasiado impulso y no tengo más remedio que seguir sólo mi camino, saber que unos ojos me esperan en algún lugar para devolverme lo que me robaron no es suficiente para que me detenga a pensar en ello un sólo instante porque, cuando pare, la vida me adelantará y una vez más correré detrás de mi sombra, igual que cuando corría detrás de tí y creía que era fuerte.
Historias que pasan ante mis ojos como algo ajeno, pero el protagonista siempre soy yo. Ya no se si es el mundo o es mi vida la que gira a mi alrededor como un torbellino que me empuja lejos, siempre lejos, más allá de mí, como si fuera el único camino para seguir respirando. Canciones diferentes con la misma música y una voz rota que le grita al silencio. Escritura invisible, pájaros electrocutados, hay algo que se nos escapa, algo que perdimos sin darnos cuenta, la confianza o la inocencia. Todo lo que pudimos hacer es poco comparado con lo que hemos hecho, y sin embargo algún día nos pedirán cuentas por las oportunidades perdidas y diremos que sólo pensábamos en nosotros mismos. A 240 kms/h las palabras se parten y estallan en mil sonidos ininteligibles antes de llegar a cualquier oído cuerdo, por eso nadie nos entiende. El día que nos estrellemos alguien recogerá nuestros sueños y hará con ellos hermosas canciones... todo el mundo se emocionará, pero antes tendremos que estrellarnos a 240 kms/h para no estropear el estribillo.



0 Comments:
Post a Comment
<< Home