Sunday, November 27, 2005

Navidades rojas

Alguien debió irles a los Reyes Magos con el cuento de que no había sido lo suficientemente bueno y un año más me quedé sin regalos en Navidad. Cierto que me equivoqué muchas veces, pero nadie se preguntó nunca si realmente pude haberlo hecho mejor. Si hice daño a alguien le pedí perdón, y puedo decir que siempre di más de lo que recibí, si bien es cierto que tampoco llegué a pedir nada (pensé que no hacía falta). Pero no pasa nada, en realidad ya contaba con ello. Fue una premonición, un relámpago de lucidez en medio de la habitual monotonía gris de lo cotidiano... yo diría que fue hace unos 100 años, aunque el calendario me recuerda inclemente que no ha pasado más de un año y medio (es una de esas esclavitudes invisibles a las que tan aficionadas somos las personas, el calendario... sí, es hora de hacer un inciso...).
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Se parte de la suposición de que un segundo es igual que el anterior e igual que el que le seguirá, y así un día sigue a otro como unidades homogéneas susceptibles de ser agregadas en semanas, meses, años y vaya usted a saber... pero, ¿acaso es esto cierto?. Puede ser un principio válido para asignar valores numéricos a determinados hechos y organizar flujos de acontecimientos, pero no para medir la intensidad de los recuerdos o de las experiencias porque es innegable que hay horas que pasan en apenas segundos e instantes que se hacen eternos... por eso es perfectamente posible que una persona de 20 años haya vivido ya 50...
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Retomemos el hilo del caos: ocurrió hace cien años, en una navidad como otra cualquiera, caminaba por la calle desierta a las doce de la noche, entre nieve y luces mortecinas. No recuerdo a dónde iba ni de dónde venía, sólo sé que en mi cabeza sonaba SQYTP y que de repente tuve la sensación de que aquella no era una calle de mi ciudad, sino de un lugar lejano lleno de recuerdos que aún no tenían nombres ni cara, y que no terminaba nunca: eterna como la nieve, eterna como la noche... lamenté no haber cogido ropa de abrigo. Ya sabía que podía pasar (le había cogido demasiado cariño a las noches con luna llena y a las tardes de lluvia) y la verdad es que lo prefiero, hay historias tan bonitas que a uno le da miedo pensar que puedan ser ciertas, como si la más mínima ilusión pudiera hacer que todo explotara como una pompa de jabón... es la fragilidad de las cosas más simples.

Mi almohada dice que todo esto me pasa por escribir cosas que nadie entiende. Por mi parte yo creo que he aprendido la lección, seré más humilde. Escuchadme, reyes, este año sólo os pido salud y buenos alimentos. No creo que me lo podáis negar... (podríais quedaros sin regalos)... y, si lo hicierais, despediros de las galletas y el licor (que a eso nunca decís que no). Un abrazo.

Monday, November 21, 2005

Autorretrato

Soy un hombre de otro tiempo,
un reflejo cansino de su paso circular
que muere y resucita cada veinte segundos
y hace saltar las alarmas de los aeropuertos
con los cuchillos que alguien hundió en su corazón.

No merezco vuestras cápsulas ni vuestros jarabes
ni vuestros comprimidos de orden y cordura.
No anhelo el paraíso que ganan los guerreros en la batalla
ni ése con el que saciáis la sed del pecador.

Me conformo con hilvanar las tardes con las noches
mientras me acaricia el viento que llega
como una canción infinitamente oída
y hace de mí un espectador agradecido, inerme.

Soy el niño y el viejo que en una ventana aplastan su nariz y
difuminan con vaho las miradas más tristes de la puesta de sol.
Gracias por llamarme náufrago. Gracias por amarme una vez.
Hago inventario de los días que sonreíste para mí.

J.I.Lapido